Niños y gatos: mitos y verdades

Actualizado: may 14

Tener un gato en casa garantiza horas de diversión, son animales curiosos y ágiles, que nos harán reír y serán los consentidos de la familia, sin duda.


Desde tiempos ancestrales, el gato ha sido un animal sobre el que se han tejido muchas historias; es, a la par del perro, la mascota preferida de los seres humanos, y su belleza sin igual sirve de inspiración para fotógrafos, poetas y pintores.


Mucho se sabe de la protección que brindan los perros a los niños, pero muy poco se habla de la relación de los gatos con los pequeños de la familia. Si estás pensando en llevar una mascota a casa y aún no te decides por cuál, el gato puede ser una muy buena alternativa. Puede que su porte felino, uñas y sus colmillos afilados te hagan dudar, pero has de saber que los gatos saben muy bien cómo comportarse, y tienen la suficiente sensibilidad para sentir la ternura de un niño y saber que debe ser tratado con delicadeza. Del mismo modo, el pequeño debe aprender a cargarlo con cuidado y seguridad para que el animal no se sienta amenazado.


Los gatos son muy fáciles de educar y son conocidos por ser sumamente aseados; son tranquilos, pacientes, y ayudarán a desarrollar en los niños el valor de la responsabilidad y el compromiso. Con seguridad, el cuidado rutinario estrechará lazos con la mascota.


Por su carácter independiente, este animal necesita espacios de tiempo a solas, lo que hará que tu hijo entienda que es necesaria la soledad por momentos y que hay que respetar el espacio de cada cual.


Tener un gato como mascota cumple funciones terapéuticas en niños y adultos. Estudios demuestran que cuando los acariciamos, liberamos oxitocina, una hormona que está estrechamente vinculada con el amor, la confianza y con la facilidad de relacionarnos con nuestro entorno, así que esta mascota suele recomendarse especialmente para niños con autismo, ya que se ha demostrado que aquellos que se relacionan con gatos son menos propensos a sufrir ataques de ansiedad y alteraciones anímicas, mejorando notablemente la sociabilización.


Aunque niños y gatos son muy juguetones, es importante establecer límites desde el principio. Debemos enseñar a ambos a jugar amablemente. Una vez que se establece la conexión y el respeto, no hay quien los separe. Los mininos también aman dormir, y su ronroneo suele servir como arrullo para bebés nerviosos.


Otros estudios científicos demuestran que los niños que viven con animales con felpudos, como los gatos, tienen un 19% menos de probabilidades de desarrollar alergias, contra un 33% de niños que no viven con animales. Así que si es esa una de tus preocupaciones, podés ir dejándola a un lado.


En fin, tener un gato en casa garantiza horas de diversión, son animales curiosos y ágiles, que nos harán reír y serán los consentidos de la familia, sin duda. Lo que siempre recomendamos, por supuesto, es adoptar. Hay miles de gatitos hermosos que merecen tener una familia. No hay mejor contribución que esa para mantener nuestras calles libres de animales sin hogar.


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